Bienvenidos al Blog

Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
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lunes, 29 de julio de 2013

EL RUIDO


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Un rojo y gélido amanecer había despertado ese 6 de febrero de 1938 en los páramos de Teruel.  El Teniente Alcázar formaba parte de la 1ª División de Caballería al mando del General Monasterio.  Su Unidad era el Regimiento Castillejos Nº 9, y él pertenecía al segundo Escuadrón del Regimiento.
Esa noche previa al día 6 el Teniente Alcázar no había podido conciliar el sueño, demasiada responsabilidad, el Capitán Jefe del 2º Escuadrón, había caído enfermo por neumonía, y el Coronel le había dado la responsabilidad como oficial más antiguo, de ser el Jefe del Escuadrón en la batalla que se avecinaba.

viernes, 7 de junio de 2013

LOS CABALLEROS



https://resources.safecreative.org/work/1303314857346/label/logo-150

-Buenos días mi Primero, otra mañana de paseo – Dijo el Soldado Ramiro Suarez a Juan José Rupérez su Cabo Primero.


-Cualquier cosa es mejor Suarez que quedarnos en el Destacamento un día entero viendo pasar las nubes- Respondió Rupérez.  Y ambos se metieron dentro del Nissan Patrol, que era su vehículo y compañero de fatigas, en todas las misiones de patrulla en la Serbo-Bosnia en aquel año 1996.


El vehículo salió del Destacamento de Duzi y se dirigió por la carretera para realizar la ruta de Duzi- Drazin Do- Trebinje.  La misión era sencilla, dejarse ver, verificar que en la ruta no había existencia de check points ilegales, e informar de cuantas cosas se acontecieran durante las 8 horas de patrulla, para que los informes de inteligencia fueran lo más precisos posibles.


Suarez era un Soldado veterano y era buen conductor, conocía bastante bien “su Nissan”, era concienzudo y meticuloso con su moderno corcel.  Como buen soldado de Caballería, sabía que el mantenimiento de su medio de transporte, era vital para el desempeño de cualquier misión, y por eso, su vehículo nunca fue de los que se quedó tirado, de los que nunca dio fallos achacables a la negligencia o pasividad.  Como buen jinete, sabía que su montura debía estar preparada para cualquier misión, y por ello, por sentir muy suyo aquel vehículo, lo trataba con el respeto que se merecía.

domingo, 31 de marzo de 2013

Pólvora, humo y polvo en el Rabal



Polvo…gritos…sonidos de guerra…Todavía aturdido Jesús, se levantaba del suelo…no se ubicaba.  Veía a paisanos correr, a sus vecinos del Rabal, que junto con él se habían atrincherado en una pequeña casa cercana al Puente de Piedra. –Debió ser una granada o un cañonazo…- pensaba mientras recomponía sus ideas, y se libraba de escombros y del susto.

Buscó con ahínco su fusil, y lo encontró junto con el cuerpo de Carmelo Soteras, su vecino y amigo de correrías de juventud.  Una fea grieta le abría la sien, y dejaba una espantosa imagen de la cabeza del vecino abierta como un melón.  Pobrecico- Pensó mientras cogía el fusil.

Con presteza se volvió hacia el lugar que antes había sido su parapeto, ya no existía, era un punto de luz en la tapia de aquella casa. –Mejor, escombros…mejor.- Se dijo a sí mismo, mientras se tumbaba y cargaba el fusil.

jueves, 14 de marzo de 2013

Nadie queda atrás...




-¡Alto!- Ordenó el Teniente Lucas.  Toda la patrulla se desplegó en un perímetro de unos 30 metros, creando un círculo casi perfecto.  Cada uno de los componentes se arrodilló, y como aquel bosque era tan denso, profundo y oscuro, todos sabían que debían concentrarse en agudizar el oído.  Aquel bosque estaba muerto, no había animales, no había ruidos.  Ni siquiera el Sol penetraba por las copas de aquellos negros árboles, y ni siquiera el viento era capaz de mover las ramas y hojas muertas de lugar atroz.

El Sargento Mejías se acercó despacio al Teniente Lucas.- Mi teniente, este puto bosque me da mal rollo…, no hay ruidos, no hay bichos, no hay nada… y tiene que haberlo….tiene que haberlo…- Le decía situándose espalda con espalda, sin dejar de mirar a un sector concreto dentro de aquel círculo defensivo.
El Teniente Lucas respiró profundamente, movió la cabeza afirmativamente y le respondió. – Mejías ya sé que esto no pinta bien, y tenemos claro que los informes que nos han pasado, juran y perjuran que ellas se encuentran aquí, pero tú me dirás, no se ve nada, no hay indicios de nada…- 

Mejías se giró hacia el Teniente, y mirándole a los ojos le puso cara de circunstancias.  Se levantó y se fue a su lugar dentro de aquel despliegue defensivo.

jueves, 31 de enero de 2013

Pater Noster, qui es in caelis

-Pater Noster, qui es in caelis, sanctificétur nomen Tuum, adveniat Regnum Tuum… - Un padre nuestro, algo normal en una misa, una oración cristiana elevada al cielo.  Pero no era muy normal que en 1595, en la Inglaterra de Isabel I, unos arcabuceros españoles estuvieran escuchando y participando en una misa católica en la bahía de Mounts, Cornualles.

No era muy normal que 400 arcabuceros de Felipe II, y un puñado de piqueros se hubieran apoderado del poderoso fuerte de Penzance aquel agosto de 1595, y hubieran dado severo castigo a los herejes que allí se guarnecían.  Y no conformes con eso, el Capitán Don Carlos de Amézquita había dado la orden de tomar más terreno inglés.  Total, una vez desembarcados y tomado el fuerte inglés, porque no seguir…, y vaya si lo habían hecho.  Antorcha en mano, y llenando la bolsa, habían pasado a cuchillo y bajo el rasero del fuego que todo lo purifica, Mousehole, Newlyn, Paul y Penzance.



Simón Bautista, arcabucero y soldado viejo de aquel Tercio embarcado, miraba al cielo, y mientras rezaba el Padre Nuestro, elevaba una plegaria a Dios, en la que le pedía la oportunidad de tomar Londres.  No tiraba bajo Simón, pero no era para menos.  Si en apenas dos días habían arrasado el sur de Inglaterra.  Se habían pasado por la piedra y el acero, a la totalidad de las fuerzas enemigas que defendían con cierta saña, su tierra y sus posesiones.  Pero que en cuanto oyeron el primer “Por España…Por el Rey…Por el Apóstol Santiago…”, se les removieron las tripas, las piernas les flaquearon, y al final las vidas se les fueron, porque los aceros españoles los despacharon como bien despachaban los Tercios a los luteranos y calvinistas en aquella Europa del siglo XVI.