Bienvenidos al Blog

Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
.

Todos los textos de este blog se encuentran bajo licencia legal de todos los derechos reservados al Autor, y por lo tanto, cualquier copia o difusión sin autorización ni conocimiento del autor, serán puestos en conocimiento de los servicios jurídicos. Este blog queda protegido por los derechos de autor y Propiedad Intelectual Registrada.

martes, 2 de diciembre de 2014

LA MONTAÑA



 https://resources.safecreative.org/work/1303314857346/label/logo-150

Amanecía y Jose sabía que ese amanecer no iba a traer nada bueno. Llevaban toda la noche caminando, y nada nuevo en el horizonte, pero él sabía que estaban ahí.  Llevaban toda la noche caminando con un grupo de 12 niños y 6 niñas afganas.  A los primero los habían sacado de una madrasa  donde se encontraban recluidos por los talibanes en contra de la voluntad de sus padres, y a las niñas las habían sacado de una casa, donde les esperaba unos matrimonios no deseados con hombres que les sacaban 30 años de edad.

No era su misión inmiscuirse en los asuntos de los locales, a fin de cuentas él, era un soldado en suelo extranjero, que se encontraba allí con su equipo por casualidad.  Eran miembros de una unidad de inteligencia, que tenían una misión bien diferente, extraer información de la población local, sobre los movimientos de una facción talibán local, que se encontraba muy activa en la zona, causando problemas a los convoyes de la ISAF.

Esa facción talibán la componían unos 80 hombres armados y de un alto grado de crueldad, a tenor de los hechos y relatos de los locales, los cuales aseguraban que cometían asesinatos indiscriminados en cuanto alguien les llevaba la contraria.  Y debido al secuestro de los niños, la población local todavía manifestó más su temor y repulsa.

Jose tenía órdenes, apoyar a la población local, y recabar la mayor cantidad de información de la facción taliban.  Y cuando aquellas personas le relataron a Omar, el traductor, las circunstancias de su pesar, Jose sintió como algo le revolvía las entrañas.  Y un ardor ancestral, surgió de él.  Ese viejo aliento de los guerreros, que expiran antes de entrar en combate.  Así que Jose, hablo con sus 5 compañeros de fatigas, y decidieron que había que sacar a los niños de aquel infierno.

jueves, 14 de agosto de 2014

Carta de Despedida a mi Padre


Me van a permitir que en esta ocasión, no publique un relato.  Quiero publicar la carta de despedida que le dediqué a mi Padre en su funeral, este 13 de agosto de 2014.  Como dije en la ceremonia, a veces los hijos nos dejamos cosas que decir a los Padres, y yo quise completar y decirle, esas cosas que se me olvidaron o que nunca le supe expresar.  

No es ni más ni menos que un pequeño homenaje a un Padre por parte de un hijo, una manera de reconfortar el alma, y mirar con esperanza el ejemplo de un camino bien trazado, un ejemplo de forma de vida y de forma de vivir.

Zaragoza, 13 de Agosto de 2014, a la memoria de Don José Soguero Garcés.

Hoy te estamos despidiendo papá, e irremediablemente todos pensamos en los últimos días, en los que te has debatido en una cama de hospital durante casi 4 meses.  Pero la vida de un hombre no se debe de medir en cómo uno muere, sino en cómo uno ha vivido su vida.  Y tú papá, has vivido una vida plena y llena de buenos momentos y de malos, pero siempre conforme a tu filosofía, y esa filosofía ha sido tu familia, a la cual has adorado por encima de todo.

De los muchos de los presentes que han compartido contigo parte de este camino que es la vida, seguro que si les preguntamos cómo definirte,  van a decir que has sido un hombre honrado, valiente, leal y sobre todo sincero.  



Dicen que los hijos suelen ser el reflejo de sus padres, pues yo he tenido el honor de tener un buen maestro.  Para mí, papá fuiste mi súper héroe, porque siempre te vi como el hombre más fuerte y más honesto que he conocido, siempre venciendo cualquier adversidad, y siempre siendo ejemplo de nobleza, tesón, orgullo, valor y honor.   Y por eso aun ya en la edad adulta, cada vez que nos hemos reunido, me emocionaba saber que siempre me estaba reuniendo con mi súper héroe.
  
Para Pedro tu hijo pequeño, has sido muchas cosas, el padre, el amigo, el consejero, el compañero, el tertuliano.  Aquel con el que pudo compartir aficiones, devociones y sobre todo momentos eternos.  Fuisteis compañeros de viaje y cómplices, pero sobre todo fuiste para él, ese gran amigo sabio y sincero que supo indicarle por donde debía seguir su camino.  Y por eso se, que Pedro, tu hijo y mi hermano, tras tu  marcha, va a echar en falta con quien discutir de fútbol, con quien hablar de petanca y sobre todo, va a echarte en falta porque se ha ido su amigo.



Te nos has ido y nos dejas un vacío Jefe, un vacío que lo vamos a llenar con tu recuerdo, porque es tu legado más importante.  Yo siempre voy a recordarte como el artillero que ganó un concurso de tiro con su pieza de artillería antiaérea en el Peñón de Ifach allá por los años 60, porque tu paso por la milicia, supo inspirar mis decisiones y mi vocación.   Como el futbolista y el amante de todo deporte, hay que ver que te gustaba hasta el curling, como el cazador incansable, como el campeón, mentor y gran jugador de petanca, como el alma de las fiestas, como la enciclopedia histórica de la familia porque siempre quisiste que tuviéramos presente a los que nos precedieron, a tus padres, tus abuelos y tus hermanos.   

Pero sobre todo te voy a recordar personalmente como la persona que me dio los abrazos y besos más importantes de mi vida.


Desde cuando me llevabas al Belanche de chiquitín a comer gambas, a cuando me recomendaste que lo mío no era el fútbol ni la petanca y oriente mi vida deportiva a las montañas, a las cuales no podía ni hacer falta ni servía de nada el enfadarme por no ganar. Cuando me llevaste de la mano a cruzar el umbral de la puerta de un cuartel por primera vez, y de un empujón me hiciste cruzar la puerta de entrada y con tu mirada me decías, “entra y cumple voluntario”.  Cuando una fría madrugada de febrero me despedías antes de embarcarme en la primera misión internacional y me dijiste que lo tuviera que hacer que lo hiciera bien.  


Todo ello me dio que pensar porque me mirabas siempre con ojos de orgullo, y yo en esos momentos me sentía como tú, un súper héroe, porque sabía que conmigo llevaba lo mejor de ti, porque para eso era tu hijo.  Y desde entonces cada día cuando me he puesto mi uniforme, he sentido que me ponía mi uniforme de súper héroe también.  Primero como padre y siempre como soldado.


Te vamos a echar de menos José Soguero Garcés, pero no estoy triste, porque sé que ahora te encuentras ya en la presencia poderosa de tus padres, abuelos y hermanos que te han guardado un sitio a su lado en el cielo.  Llegaste a la vida luchando, viviste luchando y te has ido luchando.  Nunca te rendiste, y cada vez que caíste supiste levantarte.  

 Ese es tu legado y tu ejemplo.  Por eso, no vamos a pensar como llegaste al final del camino, sino que vamos a recordar como transitaste este camino de la vida.


Sé que allá donde te encuentres, vas a velar por todos nosotros, de una forma más poderosa si cabe que cuando estabas entre nosotros.  Y por ello tengo fe resuelta en que cuando en un tiempo futuro nos reunamos, hayamos podido al menos intentar ser un poquito como tú, Papá.  Hasta siempre.


 

viernes, 11 de abril de 2014

HERMANOS DE SANGRE

 https://resources.safecreative.org/work/1303314857346/label/logo-150
Propiedad Intelectual Registrada



David miró a su alrededor, no veía nada, una densa nube de polvo inundaba su entorno cercano.  Notaba calor en el pecho, en la cara.  Algo húmedo se escurría por su rostro.  No oía nada, y era extraño porque él era consciente de que había ruido, había movimiento a su alrededor.  Pero nada, no escuchaba ningún sonido, no percibía más que leves vibraciones que provenían del suelo, de ese palmo de tierra en el que se encontraba tumbado y dolorido.

Se quiso incorporar, levantarse y notó como le dolía el pecho y la espalda, y por más esfuerzos que realizaba, no lograba ni siquiera levantarse.  El pesado equipo lo mantenía pegado al suelo.  Miraba y no veía más que polvo.  De pronto una vaina, dos vainas, tres vainas surcaron delante de él, y fueron a parar a escasos centímetros de su cara.

Miraba, y no veía nada, le costaba respirar, no lograba pensar, no lograba enlazar un pensamiento cuerdo, reaccionaba por instinto, respirar y abrir los ojos, no podía hacer otra cosa.  De nuevo tres vainas surcaron el aire, y esta vez se depositaron encima de él, notó el calor, quemaban…y sin saber cómo, fue capaz de accionar su brazo y su mano y librarse de ese calor que ya quemaba.

Y de pronto sintió como el caos se apoderaba de su cuerpo y sus sensaciones, fue rápido, primero un dolor agudo en el pecho.  Después el ruido, ruido de explosiones, de disparos, gritos, lamentos, ruido mortal…