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Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
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martes, 2 de diciembre de 2014

LA MONTAÑA



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Amanecía y Jose sabía que ese amanecer no iba a traer nada bueno. Llevaban toda la noche caminando, y nada nuevo en el horizonte, pero él sabía que estaban ahí.  Llevaban toda la noche caminando con un grupo de 12 niños y 6 niñas afganas.  A los primero los habían sacado de una madrasa  donde se encontraban recluidos por los talibanes en contra de la voluntad de sus padres, y a las niñas las habían sacado de una casa, donde les esperaba unos matrimonios no deseados con hombres que les sacaban 30 años de edad.

No era su misión inmiscuirse en los asuntos de los locales, a fin de cuentas él, era un soldado en suelo extranjero, que se encontraba allí con su equipo por casualidad.  Eran miembros de una unidad de inteligencia, que tenían una misión bien diferente, extraer información de la población local, sobre los movimientos de una facción talibán local, que se encontraba muy activa en la zona, causando problemas a los convoyes de la ISAF.

Esa facción talibán la componían unos 80 hombres armados y de un alto grado de crueldad, a tenor de los hechos y relatos de los locales, los cuales aseguraban que cometían asesinatos indiscriminados en cuanto alguien les llevaba la contraria.  Y debido al secuestro de los niños, la población local todavía manifestó más su temor y repulsa.

Jose tenía órdenes, apoyar a la población local, y recabar la mayor cantidad de información de la facción taliban.  Y cuando aquellas personas le relataron a Omar, el traductor, las circunstancias de su pesar, Jose sintió como algo le revolvía las entrañas.  Y un ardor ancestral, surgió de él.  Ese viejo aliento de los guerreros, que expiran antes de entrar en combate.  Así que Jose, hablo con sus 5 compañeros de fatigas, y decidieron que había que sacar a los niños de aquel infierno.


Para colmo de los males, su radios vehiculares no tenían la potencia para poder enlazar con la base desde el punto al que se habían desplazado dentro de una zona de sombra, y los dos vehículos Lince, uno se había quedado sin líquido en el hidráulico de la dirección, y el otro se encontraba con una avería de motor, al intentar remolcar al otro.

La única opción era salir a pie de aquel valle, y con la radio portátil, intentar enlazar con otras tropas de la ISAF.  Aquel valle era un valle seco, profundo, custodiado por dos paredes gigantescas que engullían la luz del sol, tanto al amanecer como al atardecer.

La única entrada y salida del valle, se encontraba en un paso que era controlado por los talibanes, y que si bien en vehículo era fácil de rebasar salvo que hubiera alguna incidencia, a pie se hacía imposible.  Y máxime con la carga que habían adquirido.

La noche había sido muy dura, habían ascendido unos 1200 metros de desnivel, se notaba la falta de oxigeno, sobre todo para los occidentales, no acostumbrados a esas altitudes, y para los niños, el caminar durante horas, se había vuelto tortuoso.

Pero ellos entendían que era o seguir con los españoles, o perderse en el olvido con los talibanes, perder el recuerdo de sus padres, y para las niñas, perder la inocencia y la libertad de poder ser niñas, hasta la edad en la que sus padres acordasen su matrimonio, pero aquello era mejor que ser esposas a los 11 años de hombres de 40.

Jose llamó a Sergio, su segundo en aquel barco.  Sergio era un tipo aguerrido, duro y fuerte, y con fe resuelta en la misión que desempeñaba y en todo lo que hacía.  Era el típico hombre de confianza leal hasta el final.

-Sergio, dime que les llevamos ventaja a los barbudos- Le dijo con cierto pesar Jose
-No mucha Jose, les llevaremos apenas unas 3 horas, ellos van ligeros.  Moncho que va retrasado ya me ha informado que esta noche han subido como liebres por la pared, y mientras nosotros caminábamos un metro ellos diez.  Creo que va a ser cuestión del medio día cuando tengamos problemas.- Respondió Sergio.

Jose meneo la cabeza de forma negativa, y miro hacia los niños.  Por su mente pasaba no ya que podría ser de los soldados españoles si caían en manos de los talibanes, sino que iba a pasar con aquellos niños huidos, que habían humillado a la facción talibán. 

-¿Cómo andamos de material?-

-Pues de munición andamos al completo, unos 300 cartuchos por cabeza, más unos 15 40 mm, una docena de granadas alambra, y unos 60 del 9 por cabeza, aún podemos plantar cara- Respondió Sergio a Jose.
-Y de contacto radio…¿nada no?..- Inquirió Jose
-Nada, seguimos en sombra, y la portátil no da para mucho- Aseveró Sergio.

Las cosas no pintaban nada bien, y Jose decidió aumentar el ritmo en la marcha.  Había que seguir subiendo por aquella montaña, hasta encontrar el paso al siguiente valle.  En esa zona era normal ver patrullas de reconocimiento de Italianos, y por lo tanto, sería fácil encontrar apoyo en el valle de tropas amigas.

La columna de niños y soldados comenzaron un nuevo y penoso ascenso por la ladera de aquella montaña, la cartografía indicaba un paso, y Jose estaba resuelto a encontrarlo y a bajar por él.

El medio día llegó con rapidez, y Moncho, uno de los dos soldados españoles retrasados, avisó por walkie talkie que estaba divisando talibanes armados a menos de medio kilómetro de su posición, lo cual auguraba que en apenas una hora iban a tenerlos encima.

Los niños ya no podían caminar más sin descansar, el agua de las cantimploras y camelback de los españoles ya escaseaba, y no tenían comida.  Jose, mirando hacia el horizonte que marcaba la montaña, y mirando hacia el lugar donde los talibanes se encontraban, tomó una decisión que seguramente transcendental, sabía que se jugaba todo, la vida de sus compañeros, la de los niños, su carrera, su futuro, el de todos, pero era una tumba abierta, y no quedaba otro remedio.

-Sergio, vete con Ramiro y llevate a los niños.- Ordenó.

-¿Cómo?..ni de coña compañero…¡¡¡yo me quedo aquí contigo!!!- Replicó Sergio asombrado.
-Es una orden Sergio, no me jodas…, nadie mejor que tú y Ramiro, sois dos toros que podéis incluso coger a todos los críos a vuestras espaldas…Hay que frenarlos Sergio, y la única forma que se me ocurre, es plantar cara aprovechando la altura, batirlos con fuego sostenido, sin prisa, sin locuras, hostigando, que no suban.  Daros un par de horas, el puñetero paso debe de estar cerca…- Dijo José con cierto pesar.

Ambos se miraron a los ojos, Jose pidiendo obediencia, Sergio desafiando. Pero eran hermanos, amigos, compañeros, y buenos soldados, así que Sergio al final, cedió en su mirada..

-En cuanto encontremos el paso, os avisamos…Suerte hermano….-Dijo Sergio.
-¡¡ Ramiro, Omar,…cogemos a los niños y nos largamos echando hostias de aquí..!!-Gritó Sergio.

Omar habló con los niños, los consiguió levantar, y escoltados por las dos titanes españoles, comenzaron de nuevo el tortuoso ascenso por la montaña, en busca del paso que les llevara a lugar seguro.

Sergio no miró atrás, sabía de sobras que no hacía falta más despedidas.  Ramiro si miró, alzó el pulgar hacia sus compañeros.  Y desaparecieron entre las rocas de aquellas montañas afganas.

-Moncho a mi altura ya, nos replegamos para organizar un punto de contacto con los hostiles..- Dijo Jose por radio al binomio retrasado.
Jose empezó a diseñar y buscar las posiciones de tiro que fueran favorables a los españoles, tenían la ventaja de la altura y la sorpresa, y que eran buenos tiradores, por lo tanto sus esperanzas de frenar a los talibanes seguían intactas.

Apenas transcurridos diez minutos, Moncho y su binomio llegaron a la altura de Jose.

-Vienen pegados Jose, apenas tenemos diez o quince minutos- Dijo Moncho
-No precisamos más, colocaros a la derecha, tú allí en el saliente, y tu compadre en el espolón adelantado de tu derecha.  Desde allí tenéis copado el flanco izquierdo de los barbudos.  Jesús y yo, tomaremos el frente.  Así los tenemos pillados por vanguardia y flanqueados por vuestros disparos.  Si son listos, retrocederán hasta quedar fuera del alcance de nuestra artillería.-

-¿Y si siguen avanzando Jose?-
-Entonces…morirán… no pienso dejarlos pasar.-Concluyó Jose

Todos ocuparon sus posiciones, Jesús el binomio de Jose, llevaba un lanzagranadas de 40 mm adosado a su fusil, y en caso de necesidad, era una ayuda nada despreciable para frenar el avance de aquella horda.
-¿Cuántos calculas Jesús?-Preguntó

-Creo que son unos 30 o por ahí, no más, mientras no se desplieguen en guerrilla, y sigan en fila, lo tenemos fácil.  Si llegan al altiplano ese de enfrente, lo tendremos peor, habrá que emplearse a fondo- Respondió Jesús.

Jose miraba al frente, por un instante tuvo un pensamiento de temor, al pensar que allí podría acabar todo, pero obviamente se repuso, el miedo había llegado, pero también obviamente lo había vencido.  Era el oficio de aquellos caballeros andantes, proteger a los inocentes, y estaban preparados para hacerlo.

Los talibanes ascendían muy rápido por las sendas de la montaña, y tal y como adelantaba Jesús, lo hacían en fila india, a buen paso, pero desguarneciendo la seguridad en vanguardia, les podía el impulso de ser muchos y más rápidos.

-Atento Moncho, a mi señal- Dijo Jose.
-Recibido, a 300 metros los primeros- Respondió Moncho.

Los soldados españoles ya tenían metidos en las miras y retículos de sus fusiles a los talibanes de vanguardia.  Eran 5, de rostro indefinido aún, ropas claras, lo cual favorecía la puntería. Portaban armamento ligero, fusiles principalmente, no se veía en la cabeza ningún lanzagranadas RPG o similar.

Jose apuntaba al pecho del primero, se encontraba ya a menos de 200 metros, y no era un blanco difícil para un tirador entrenado. Dejó de pensar, solo se concentró en aquella mancha blanca y negra que avanzaba confiada.  Ninguno de los españoles se movía, tenían los cargadores fuera de los portacargadores, perfectamente alineados para ir cogiéndolos, no tenían idea de moverse, ni de retroceder ni de avanzar. 
  
Aquella posición era la ideal, y la iban a mantener hasta que por el walkie oyesen que había paso, o hasta que allí se quedasen para la eternidad.

El talibán de cabeza avanzó un poco más, estaba llegando al altiplano descrito por Moncho.  Jose apuntó y abrió fuego.  Un disparo seco rasgo el aire pesado de la montaña, y el talibán cayó de bruces.  El resto de soldados españoles repitió la acción con sus correspondientes blancos.  4 hombres cayeron al suelo para no levantarse.  La columna talibán se detuvo.  Se agacharon y comenzaron hacer fuego en dirección a la montaña, en ese instante Moncho y su binomio comenzaron a dispararles por el flanco izquierdo.  Por el derecho era la pared de la montaña, al frente el altiplano, y atrás una salida.

Unos cuantos comenzaron a correr hacia vanguardia, los disparos seguros y certeros de José y Jesús dejaron otros tres talibanes en el suelo.

-Lanza una granada de 40mm Jesús- Le dijo Jose

Y Jesús introdujo una granada en el lanzador y la colocó con una parábola perfecta en mitad de un pequeño grupo de talibanes que estaba abriendo fuego todavía sin saber hacia dónde.  La explosión los cogió de lleno, y cinco se fueron al suelo, solo dos se levantaron para retroceder.

Moncho y su binomio siguieron haciendo fuego sostenido sobre el flanco, y las filas de los talibanes comenzaron a debilitarse, algunos ya habían partido hacia atrás como almas que lleva el diablo.  Y unos cuantos se parapetaron en las rocas.

-Partida equilibrada Moncho…la mitad se ha largado, y quedan agarrados unos 7, más los heridos caídos que de momento ni se mueven- Dijo Jose por el Walkie.

-Recibido, continuamos con el fuego sostenido sobre los de las rocas- Dijo Jesús

Y así permanecieron por espacio de una hora.  Los españoles solo disparaban cuando alguno de los talibanes escondidos se movía, no había rastro de los que se habían retrasado, aunque ello no significaba que se hubieran ido.  Jose permanecía tumbado en su posición dominante y oculta, y veía como un par de los talibanes abatidos, se arrastraba hacia donde se encontraban sus compinches.  Hubiera sido fácil abatidos, pero aunque ellos no tuvieran honor, aquel soldado español si lo tenía, y al enemigo vencido, puente de plata.

La tarde comenzaba a caer, y a Jose le preocupaba que llegase la noche, aunque llevaban un par de gafas de visión nocturna, la cosa se podría poner muy seria, y no era lo ideal.

De pronto Moncho alertó a Jose, los talibanes que se habían retrasado, que habían huido, parecían haber recobrado fuerzas y subían corriendo.  Los talibanes escondidos al ver a sus compañeros, comenzaron a realizar fuego de fusilería de forma constante y casi bien dirigida hacia el flanco donde se encontraba Moncho y su binomio, de tal forma que prácticamente anulaban la acción de fuego del flanco español.

-Jose, no podemos ni movernos, nos tienen algo copados ¿Qué hacemos?-Preguntó Jesús.
Jose dudó, pero estaba claro que había que aguantar la posición. –Aguantad sin exponeros, si llegan al altiplano, ya nos encargaremos Jesús y yo…, en caso de que nos vayan a superar, salir corriendo de allí, y retrasar la posición 300 metros, hacia las rocas que están al lado de la senda, es un buena posición defensiva- Dijo éste.

-¿Y vosotros Jose?....- Y se cortó la comunicación del walkie, como si Moncho no quisiera oír lo siguiente.
Jose comenzó hacer fuego sobre algunos elementos que habían vuelto a llegar al altiplano, a unos 150 metros de su posición.  Jesús lanzó un par de granadas de 40mm, que volvieron a ser efectivas, y los disparos de Jose, también lo fueron.  Pero el empuje talibán, comenzaba a ser más consistente.  De pronto una explosión a unos metros de Jesús, vaticinó lo peor… los talibanes habían traído artillería más pesada.

Moncho al ver que la vanguardia española se iba a debilitar, cambió de posición, a un punto más expuesto, pero con mejor visibilidad sobre el altiplano, y olvidándose de los talibanes que ascendían por las sendas, comenzó a disparar sobre los del altiplano.

El movimiento fue efectivo, cayeron varios, y al verse atacados por dos fuegos, los talibanes aflojaron la presión sobre las posiciones de Jose y Jesús, para responder a los fuegos de Moncho y su binomio.

El combate comenzaba a alargarse, las gargantas secas de los españoles eran espadas que se clavaban, pero ahí seguían, fuego sostenido, tocando carnes de vez en cuando, y conservando la posición.

Ya habían pasado dos horas desde la marcha de Sergio, y todavía no había noticias. Por la mente de Jose, pasaban muchas cosas, pensaba en aquellos niños, en aquellos compañeros, y pensaba en casa también, lo que había dejado en casa, y que tal vez, tal y como iban las cosas, ya no pudiera volver a tener o sentir.  

Pero sabía que todavía quedaba trabajo por hacer.  El sol comenzaba a desaparecer engullido por las montañas, y la falta de luz se iba a convertir en un hándicap muy serio.  De munición andaban al sesenta por ciento, y eso era una buena señal, podían aguantar al menos de 4 a 6 horas si no había sorpresas.

Moncho y su binomio habían perfeccionado su posición, y ya se encontraban menos expuestos al fuego taliban.  No habían caído más granadas RPG, lo cual indicaba que un golpe de suerte acompañaba aquella locura.  A Jesús aún le quedaban 6 granadas de 40, y todos conservaban sus granadas de mano Alhambra.

Los talibanes parecían impacientarse, y sus descargas de fusilería se tornaban más densas, aun anárquicas, no estaban exentas de peligro.  Jose esperaba y esperaba, y en cuanto uno de ellos se movía y se exponía, Jose lo abatía.  Tiros certeros a 200 metros, eso asustaba.

De pronto un sonido copó todo el valle, todas las montañas, era un ruido seco, continuado, grotesco porque rompía con aquel silencio.  Los talibanes comenzaron a inquietarse, y sin mediar más disparos, comenzaron a salir corriendo montaña hacia abajo.

-¿Qué coño pasa?- Preguntó por el walkie a Moncho.
-Se largan…el ruido ese Jose…ese ruido…..-Estaba respondiendo Moncho cuando de pronto dos helicópteros de combate Mangusta italianos y un Súper Puma español aparecieron a las espaldas de los españoles… 

Algo le decía a Jose que Sergio había llegado a buen puerto, y se había encargado de velar por sus hermanos que quedaron atrás para proteger la retirada y la vida de todos aquellos inocentes a los que arrancaron de un destino nefasto y cruel…

A lo lejos pudieron ver a una columna de talibanes corriendo hacia el valle, dejando atrás una docena de muertos.  No hubo remordimientos, sólo alivio por saber la suerte de los pequeños, que más daría tener que dar explicaciones y acabar con una mancha en el expediente por aquella locura, habían salvado muchas vidas, habían salvado al mundo….

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