Bienvenidos al Blog

Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
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viernes, 27 de febrero de 2015

EL ÚLTIMO ADIÓS



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Propiedad Intelectual Registrada


Ese invierno fue duro, muy duro.  La nieve cayó de manera copiosa durante días en el mes de noviembre, y pronto las cumbres balcánicas, se cubrieron con el manto blanco del gélido invierno centroeuropeo.  Luego un viento feroz recorrió la tierra de este a oeste, helando por completo la inmaculada piel que ocultaba la faz de aquellas tierras.

La mirada dura de José Antonio Alvar no reflejaba ninguna emoción.  La nieve golpeaba su rostro.  Se había quitado el casco de combate, y las gafas de ventisca.  Necesitaba sentir el frío del invierno de aquellas montañas, aún salvaje e hiriente, aquel viento gélido era vida.  Miró a sus compañeros, sus chavales…, y ahí estaban todos medio sonrientes, como si fueran una cuadrilla de demonios escapados del averno, que a cada pisada fundían la nieve, sin importarles temperatura, sensaciones o cansancio.


Alvar los miraba detenidamente, ninguno había puesto objeción a sacar de aquel pueblucho a aquellas diez mujeres serbias, que las milicias croatas “Ustacha” tenían retenidas y a las cuales usaban como meras esclavas, para fines inhumanos.  Todos tenían claro que esa liberación les iba a traer más problemas que beneficios, pero si algo caracterizaba a aquel grupo de españoles, era ser más duros que la propia tierra que pisaban, y no temer a otra cosa que al deshonor o a la vergüenza.

“Es lo que tiene la infantería jefe…” le había dicho el Soldado Isaías, “no sabemos andar si no llevamos peso…y a veces el peso ha de ser una preciada carga”.  Esa frase resumía en un todo la declaración de intenciones, de esos soldados que estaban dispuestos a sacrificar su vida y su honor, por la libertad de las personas que no podían ni sabían defenderse.


Ninguno eran excepcionales a ojos vista de cualquier buscador de detalles, no eran de ninguna unidad de élite, no eran súper soldados, sencillamente eran soldados humildes de Infantería española. Claro está que no mayor título para cualquier soldado, no hay mayor honor que haber sido al menos durante un segundo soldado de Infantería, porque ello significa haber formado parte de la hermandad de los que luchan y mueren, conquistan y entregan con su sangre, la voluntad del pueblo al que representan.

Seguramente hasta su propia forma de vestir y ordenarse podría resultar reprochable, para cualquier personaje de despacho y betún con brillantina en los zapatos.  Ropas rotas, sucios, mal afeitados, vivo ejemplo de predecesores en campañas ya lejanas, que no supieron lucir mejor un uniforme, pero en cambio sí que supieron honrarlo y dignificarlo, pues aún roto y sucio, estaba adornado con su sangre, con la savia de la esencia de aquellos que defienden con el corazón y con el alma, las causas que son propias de sucios y desarrapados héroes anónimos.


José Ántonio los miraba, y su pecho se henchía.  Que bravos hermanos…. Y ellos lo miraban y pensaban seguramente lo mismo.  Habían salido de aquel pueblo a bofetadas, y su punto de enlace con su Sección todavía quedaba lejos, para un grupo de 9 Soldados y 10 mujeres heridas, maltrechas y destrozadas por un cautiverio salvaje.