Bienvenidos al Blog

Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
.

Todos los textos de este blog se encuentran bajo licencia legal de todos los derechos reservados al Autor, y por lo tanto, cualquier copia o difusión sin autorización ni conocimiento del autor, serán puestos en conocimiento de los servicios jurídicos. Este blog queda protegido por los derechos de autor y Propiedad Intelectual Registrada.

viernes, 7 de junio de 2013

LOS CABALLEROS



https://resources.safecreative.org/work/1303314857346/label/logo-150

-Buenos días mi Primero, otra mañana de paseo – Dijo el Soldado Ramiro Suarez a Juan José Rupérez su Cabo Primero.


-Cualquier cosa es mejor Suarez que quedarnos en el Destacamento un día entero viendo pasar las nubes- Respondió Rupérez.  Y ambos se metieron dentro del Nissan Patrol, que era su vehículo y compañero de fatigas, en todas las misiones de patrulla en la Serbo-Bosnia en aquel año 1996.


El vehículo salió del Destacamento de Duzi y se dirigió por la carretera para realizar la ruta de Duzi- Drazin Do- Trebinje.  La misión era sencilla, dejarse ver, verificar que en la ruta no había existencia de check points ilegales, e informar de cuantas cosas se acontecieran durante las 8 horas de patrulla, para que los informes de inteligencia fueran lo más precisos posibles.


Suarez era un Soldado veterano y era buen conductor, conocía bastante bien “su Nissan”, era concienzudo y meticuloso con su moderno corcel.  Como buen soldado de Caballería, sabía que el mantenimiento de su medio de transporte, era vital para el desempeño de cualquier misión, y por eso, su vehículo nunca fue de los que se quedó tirado, de los que nunca dio fallos achacables a la negligencia o pasividad.  Como buen jinete, sabía que su montura debía estar preparada para cualquier misión, y por ello, por sentir muy suyo aquel vehículo, lo trataba con el respeto que se merecía.



Rupérez era otro “caballero”, llevaba 8 años en el Ejército, y aunque su puesto era de Jefe de un vehículo de exploración de caballería, de un VEC, para él, cualquier cosa que se moviera y lo llevase a la misión, era el mejor de los corceles.  Jóvenes soldados a fin de cuentas, imbuidos por el espíritu expedicionario de la Caballería Española.  


Esa primavera era fría en las tierras de Bosnia i Herzegovina, en la zona serbia, en el lugar donde hasta ahora ningún otro occidental se había “colado”.  Y allí estaban los jinetes, metidos hasta la cocina y dejando el pabellón español muy alto.


Aunque llevaban relativamente poco tiempo en la zona, apenas unos tres meses, había pasado el tiempo suficiente para que los españoles se sintieran queridos y admirados por la población de la zona.  –Los serbios no son tan malos como nos los han pintado a fin de cuentas..- Pensaba a menudo Rupérez, y bajo su perspectiva y experiencia, se había encontrado con un grupo humano humilde, orgulloso pero honrado, y que en su gran mayoría no habían rechazado la presencia extranjera en su tierra, acogiéndolos como a buenos vecinos.


El camino era rutinario, mientras Suarez seguía a lo suyo con el volante, Rupérez comprobó su fusil CETME LC.  Con la mano derecha sin mirar se palpó el PECO, y comprobó que llevaba sus cargadores municionados, notaba el peso, pero aún así, no se quedó tranquilo hasta tocar el puntiagudo extremo de los cartuchos.


El día era apacible, pronto llegaron al desvío de Drazin Do y giraron dirección oeste, hacia la ciudad de Trebinje.  Apenas vieron algún vehículo a motor por la carretera que deambulaba pegada a las orillas del río.  Las aguas de éste discurrían pacíficas, y el verde comenzaba a prevalecer en una tierra negra y austera.  La noche anterior había llovido con abundancia, y ese frescor matinal se notaba en la naturaleza, y en los huesos.


En la parte trasera del Nissan, un Cabo y dos Soldados completaban el equipo de Rupérez.  El Cabo era Antonio Contreras, otro jinete forjado a la grupa de las buenas tradiciones del Arma de Caballería.  Y los dos otros Soldados eran Paco Alemán y Eduardo Macías, también del Arma de Caballería, pero con apenas medio año de antigüedad en la milicia.


Rupérez se giró para ver que hacían sus subordinados, a los cuales vio adormilados y relajados. –Es lo malo de rutina…-Pensó, y se volvió de nuevo hacia la carretera.


A lo lejos se podían ver ya los arrabales de Trebinje, el paisaje se tornaba más bucólico, con una infinidad de árboles y una ribera más poblada de vegetación.  Suarez vio algo, no sabía diferenciar que era, pero a simple vista le parecía que había gente corriendo.


-Mi primero…, miré hacia la explanada de las flores amarillas del otro lado del río…¿no ve usted gente corriendo?- Dijo Suarez.


Rupérez miró, frunció el ceño y le dijo a Suarez – Para…para…que esos que corren no me gustan… ¿no están persiguiendo a alguien?-


Todos en el vehículo se tensionaron, Suarez fue reduciendo la velocidad del vehículo, hasta que poco a poco se fue deteniendo.  Buscó una zona amplia fuera de la calzada y próxima a una pasarela, que cruzaba el río de orilla de orilla, pero que era exclusivamente para viandantes, porque un vehículo no cabía, y seguramente no resistiría la pasarela el peso.


Rupérez se bajó del Nissan, y sin poder diferenciar la escena, pudo apreciar que efectivamente había un grupo nutrido de personas que corrían, y que otro grupo menos numeroso, se encontraba alrededor de algo.

-¡¡¡Coged los fusiles, abrocharos el chaleco y poneros el casco!!!- Ordenó.


- Macías te quedas en el vehículo, atento a la radio por si las moscas, el resto, conmigo- Y todos desembarcaron del vehículo y se dispusieron a seguir al Cabo 1º. La patrulla cruzó la pasarela con paso cauteloso, y se dirigieron en dirección al grupo de personas que iba corriendo.  Al parecer ese grupo de personas no se había percatado de la presencia de los españoles.  Parecía que su atención se centraba en otra cosa.


-Mi primero, ¿pero…no parece…yo creo…no ve usted que están persiguiendo a una mujer?- Dijo Paco Alemán.Y todos miraron con mayor detenimiento a la cabeza de aquel improvisado grupo de carrera.  Y efectivamente conforme la distancia entre ellos se reducía, los españoles pudieron ver y contar a unos 6 hombres corriendo detrás de una mujer.


-Preparad las armas- Dijo Rupérez.

-¿Qué?- Preguntó Suarez

-Que montéis los cetmes, y atentos que esto no me gusta- Respondió el Cabo Primero.


Avanzaron rápido en dirección ya muy clara hacia la mujer y el grupo de perseguidores. –Desplegaros en guerrilla, 5 metros entre cada uno, seguros fuera, rodilla en tierra…que cada uno elija uno o dos objetivos por situación- Ordenó Rupérez. La mujer al ver a los españoles gritó.  Éstos no entendían muy bien lo que gritaba, pero obviamente pudieron discernir que aquella carrera no era voluntaria, ni parecía que el asunto fuera liviano.


Rupérez hizo señas a la mujer, que llevaba unos 30 metros de ventaja respecto a los persecutores, ésta no lo dudó y se lanzó prácticamente a los brazos de Rupérez.


-¡¡Help …help mister…help me….!!- Dijo la mujer entre sollozos.  Los hombres que la perseguían frenaron en seco al toparse con la patrulla española.  Eran 6, vestidos con prendas militares, y algunos esbozaban armamento ligero, pistolas, cuchillos, y algún subfusil colgado.


Los españoles se mantuvieron firmes a las órdenes del Cabo Primero, y no cesaron en su actitud ofensiva al continuar apuntando con sus armas. La mujer se abrazó a Rupérez llorando.  El Cabo Primero pudo observar que se trataba de una chica joven, de apenas unos 20 años, llevaba la ropa destrozada, rasgada, iba descalza, y su cara estaba maltrecha, seguramente había sido golpeada.


Poco tuvo que pensar Rupérez para saber que estaba pasando.  Aquellos hombres eran chetniks serbios, y muy seguramente esa chica era su desayuno.  Con detenimiento observó a la chica y le preguntó en un tosco inglés:


-You are muslim?-

-Yes…yes…mister- Respondió entre sollozos y prosiguió en un también tosco inglés- I am a prisoner of the Chetniks….they.. want me to rape…please mister..help…help me..-


Fue muy fácil entenderla, aquellos hombres iban a violarla, se había escapado de sus captores, y estos no iban a dejar escapar la presa… El Cabo Primero situó a la chica detrás de él, y apuntó con su fusil a uno de los chetniks. Avanzó unos metros en dirección a ellos.  El Cabo Contreras se acercó despacio y cogió a la chica por la mano, y la llevó más atrás.


-Who's the boss?- Les preguntó Rupérez.  Los serbios se miraron y sonrieron, esa actitud le molestó a Rupérez, parecía como si no les tuvieran en consideración.  Uno de ellos haciendo unos gestos con la mano, le indicó al Cabo Primero que le devolviese a la chica.  Rupérez fue esta vez el que sonrío, y sin mediar más palabra, tiró de la palanca de montar del fusil, y directamente lo encaró en su dirección.


El gesto del serbio cambió, y llevó su mano derecha hacia una pistolera que pendía de su cintura, en busca de una pistola.  El Cabo Primero al percatarse le gritó advirtiéndole -¡¡¡Stop… or you're dead!!!.   Otro de los serbios se llevó la mano hacia su pistola, y Suarez al verlo, también le gritó -¡¡¡Quieto…quieto o te pego un tiro- Seguramente el serbio no sabía castellano, pero entendió a la perfección la amenaza del Suarez, y el serbio levantó sus manos hacia lo alto.


Un tercero se llevó las manos a un subfusil tipo Kaláshnikov, y antes de que pudieran reaccionar el resto de españoles, vieron como el chetnik encaraba su arma con intención hostil.  Rupérez no dudó, tragó saliva y en una milésima de segundo valoró el hecho de disparar, sabía que un disparo podría suponer una carnicería, que un disparo iba a suponerle seguramente un montón de explicaciones si no había víctimas, pero por una milésima pensó en sus chicos, y se dijo así mismo, este no es el final. 


Rupérez disparó dos veces seguidas, que impactaron directamente en el pecho del serbio, que cayó al suelo gritando.  El resto de serbios tuvieron el arranque de coger sus armas, pero la actitud de los españoles que avanzaron en línea hacia ellos, fue suficiente para frenar las intenciones.  


-Down..down weapons…Already…Inmediately!!!!- Gritó el Cabo Primero.  Y todos los serbios obedecieron.  Ninguno de los españoles bajó la guardia, y cada uno de los jinetes tenía marcado a uno de los serbios con su fusil.


-Down…knees down…-Ordenó Rupérez. –Contreras…¡¡¡desármalos!!!,…Suarez vete al coche y avisa al Cuartel General…que manden a la IPF…que venga la Guardia Civil o los Gendarmes, me da igual, que vengan y se lleven a estos tipejos…Y que venga una ambulancia, diles que hay un herido grave por arma de fuego- Ordenó el Cabo Primero.


Alemán se dedicó a ayudar a Suarez a desarmar a los chetniks.  Y mientras tanto, el jefe de aquel grupo de guerrilleros serbios, de rodillas y mirando al Cabo Primero le preguntó con rostro serio:


-Why?... All this....all this for a Muslim...-


A pesar del escueto inglés, Rupérez entendió el mensaje, y su respuesta fue en castellano y muy despacio, como si tuviera intención de que el serbio lo comprendiera.


-¿Porqué..?..Porque podemos…porque queremos…porque somos españoles…y para vuestro pesar…somos Caballeros…y nos han entrenado con una vieja tradición propia de la ancestral Caballería Española…la sagrada misión es proteger a los desvalidos…a los débiles…¡¡Because.. We are the Spanish Knights!!-


El serbio agachó la cabeza, y mirando a su derecha pudo ver a su compañero mal herido, y volviendo a su izquierda la cabeza, vio a sus camaradas de rodillas, con las manos sobre la cabeza, y pudo ver a esos soldados bajitos y morenos, con cara de pocos amigos.  Y pudo ver a la chica, a su presa… abrazada y llorando, pero protegida por los brazos de hierro y la mirada de león de un soldado español, de un jinete de la Caballería española.



https://resources.safecreative.org/work/1303314857346/label/logo-150


No hay comentarios:

Publicar un comentario