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Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
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jueves, 14 de marzo de 2013

Nadie queda atrás...




-¡Alto!- Ordenó el Teniente Lucas.  Toda la patrulla se desplegó en un perímetro de unos 30 metros, creando un círculo casi perfecto.  Cada uno de los componentes se arrodilló, y como aquel bosque era tan denso, profundo y oscuro, todos sabían que debían concentrarse en agudizar el oído.  Aquel bosque estaba muerto, no había animales, no había ruidos.  Ni siquiera el Sol penetraba por las copas de aquellos negros árboles, y ni siquiera el viento era capaz de mover las ramas y hojas muertas de lugar atroz.

El Sargento Mejías se acercó despacio al Teniente Lucas.- Mi teniente, este puto bosque me da mal rollo…, no hay ruidos, no hay bichos, no hay nada… y tiene que haberlo….tiene que haberlo…- Le decía situándose espalda con espalda, sin dejar de mirar a un sector concreto dentro de aquel círculo defensivo.
El Teniente Lucas respiró profundamente, movió la cabeza afirmativamente y le respondió. – Mejías ya sé que esto no pinta bien, y tenemos claro que los informes que nos han pasado, juran y perjuran que ellas se encuentran aquí, pero tú me dirás, no se ve nada, no hay indicios de nada…- 

Mejías se giró hacia el Teniente, y mirándole a los ojos le puso cara de circunstancias.  Se levantó y se fue a su lugar dentro de aquel despliegue defensivo.


El teniente repasaba mentalmente las notas de misión, recordaba los ítems sobre los que inteligencia había elaborado un orden de operaciones, y un temor le invadía..¿y si se habían equivocado de ruta?¿y si ese no era el lugar?...

El Sargento Mejías, inquieto, se movió hacia la posición del Cabo Romera, que andaba mirando de reojo el gps que llevaba en su antebrazo izquierdo, a la vez que escaneaba el escaso horizonte que tenía delante.
-Romera…Romera…dime por tus muertos que estamos en la zona…dime que no nos has llevado al huerto y nos has extraviado…- Le dijo susurrando el Sargento.

El Cabo, separando la mano del guardamanos del fusil, elevó el pulgar en posición vertical hacia arriba, indicando afirmativamente que estaban en posición.

Mejías cabeceó de nuevo.

El Teniente fue el que en esta ocasión se movió y se dirigió a la posición en la que estaban el Sargento y el Cabo. – Vamos a ver… si estamos en la zona indicada, aunque el GPS tenga un error de más menos equis metros, tendríamos que estar viendo u oyendo algo.  Como no hay ni una cosa ni otra, una de dos, o se han esfumado, o se han enterrado bajo tierra, si es que esto que pisamos es tierra, que ya lo dudo- Dijo Lucas mirando hacia el cielo.

-Mi Teniente…estamos en el lugar…no tengo dudas, tanto el GPS como el plano dicen lo mismo…- Respondió el Cabo Romera.

De pronto un silbido cruzó el aire, y acabó con un golpe seco sobre un árbol.

-¡¡¡¡¡Tiradooorrrr!!!!!!- Gritó un soldado.  Un disparo había cortado el aire, al que siguieron unas cuantas ráfagas por encima de las cabezas de los miembros de la patrulla.

La gran mayoría se lanzó al suelo para reducir la silueta.  La escuadra del Cabo Silva, sin embargo, habían localizado el origen del fuego, y levantándose de su posición y abriendo fuego mientras se abalanzaban sobre la zona desde donde provenían los disparos.  Las cuatro bocas de fuego batieron un frente de unos 20 metros, en apenas 30 segundos en ese avance frenético, habían volado más de 200 proyectiles desde los fusiles de los tiradores.

Pronto descubrieron un cadáver, un tirador enemigo se encontraba tumbado de forma grotesca entre unos arbustos.  Al llegar a este punto, Silva ordenó rodilla en tierra a la Escuadra, y todos comenzaron a escanear el nuevo frente, en busca de posibles amenazas.

-Despejado Lima, un tirador abatido- Dijo por radio.

El Teniente Lucas ordenó el avanzar con precaución y desplegando un frente de más de 200 metros hacia la posición de Silva.

Al sobrepasar a estos, destacó un binomio en la vanguardia, con una ametralladora ligera, y un granadero.  El resto, volvieron a crear un perímetro de seguridad alrededor de la posición de Silva.

El Teniente se acercó al Cabo Silva.

-¿Qué tenemos?...-Preguntó Lucas.  –Creo que es un guerrillero del UCK mi Teniente- Respondió el Cabo.
-¿Esta muerto?- 

Silva miró a su teniente y afirmó con la cabeza.  Comenzaron a registrarlo, y no encontraron nada de valor, salvo un fusil AK-47 de origen Checolosvaco, y una granada de mano de origen soviética.

-Están por aquí…lo presiento… lo malo que los disparos los habrán alertado…hay que ponerse en marcha, vamos avanzar en guerrilla hacia la vanguardia…tengo una corazonada…- Dijo el Teniente al Cabo, a la vez que por señas de mano le indicaba al Sargento Mejías las instrucciones para posicionar a la patrulla desplegada.

En apenas unos segundos, todos ocuparon la posición que conocían de memoria dentro de un despliegue en guerrilla.  Todos comprobaron sus armas, verificaron la munición, el que había disparado algo, cambiaba los cargadores, otros palpaban granadas, cargadores, botes de humo, y alguno el cuchillo.

Comenzaron el avance subiendo un pequeño altiplano del bosque, y en apenas unos 40 metros descubrieron donde se encontraban.

Se habían metido en mitad de un campamento del UCK en Kosovo…habían encontrado a las dos alféreces enfermeras que habían sido secuestradas a punta de pistola de una ambulancia cerca de Istok, y se encontraban frente a frente con más de 30 guerrilleros que sorprendidos por el empuje de la patrulla española, no habían tenido tiempo de planificar ni una defensa ni una huída.

Pudieron ver como las dos alféreces se encontraban maniatadas sentadas a las ruedas de un viejo camión.
Los guerrilleros del UCK no sabían qué hacer, habían oído disparos, habían oído pasos ligeros que se les echaban encima, y de pronto al ver a los 15 soldados españoles enfrente, dudaron si abrir fuego o salir corriendo.  No era bueno para ellos un enfrentamiento abierto con tropas de la KFOR.

Lo bueno para ellos es que conocían el terreno, y tenían la ventaja de tener dos rehenes, lo malo para ellos es que delante tenían a una patrulla de escaladores esquiadores de la Brigada de Montaña “Aragón”, malo para los kosovares…..

Un guerrillero, tal vez influenciado por la sensación de mayoría proporcional, alzó su fusil AK para intimidar a los españoles.  Un tiro seco se clavó en su cara, y cayó desplomado.  Nadie pudo ver de dónde había salido el disparo, nadie de los kosovares vio destello alguno, pero unos y otros supieron enseguida que se trataba de un francotirador.

El Sargento 1º Marcellán y su binomio el Cabo 1º Elías, que a unos 90 metros de aquel palmo de terreno, se encontraban situados en un flanco de las fuerzas españolas, y tenían ante sí, un perfecto sector de tiro, para el fusil barret y el acuraccy.

Un segundo disparo, impactó a los pies de otro guerrillero, que por los abalorios y las formas de dirigirse al resto, parecía el jefe.

Éste, al ver como había caído su compañero, entendió que el tiro al suelo había sido intencionado, pero que si se movía, estaba muerto.

El Teniente Lucas miró de reojo a sus hombres, todos concentrados, todos apuntando a alguno de los guerrilleros kosovares, y el Sargento Mejías, miraba y estudiaba la posición de las dos rehenes.

Algunos guerrilleros no habían podido adoptar posición alguna con sus armas, o ni siquiera las tenían a mano, por lo que el número de amenazas efectivas, no superaba al número de españoles.

-Mike, tira otra vez a los pies del jefe- Ordenó por radio el Teniente.

Otro disparo impactó al lado de la bota de aquel tipo.  Más de un pudo ver como tragaba saliva.  Estaba listo y lo sabía.  Ahora faltaba saber si era capaz de sacrificarse por la causa que les había llevado a cometer aquel secuestro.

La espalda de aquel campamento kosovar, era una pared de piedra de unos 80 metros de alto, y no había otra salida de aquel altiplano que por la posición de los españoles.  Los guerrilleros sabían que estaban acorralados, pero todavía en sus mentes cabía la posibilidad de la lucha.

-Lima aquí Oscar, preparados para caer- Dijo una voz por radio.
-Proceda Oscar, les cubrimos- Respondió el Teniente Lucas.

Sin que los guerrilleros pudieran preverlo, absortos ante la presencia a su frente de la patrulla española, y sabedores de la existencia de al menos un francotirador, no pudieron ver como media docena de cuerdas caían por la roca pelada, y por ellas comenzaban a descender en rapel australiano sigilosos, unos espectros que se situaron a un metro de altura de las cabezas de los kosovares, apuntándoles con sus armas.

Un silbido bastó para provocar la reacción de algunos hacia atrás, y al no ver nada a sus espaldas, levantando la vista, vieron los rostros de otros esquiadores escaladores que les apuntaban directamente a las cabezas.

El jefe de los kosovares, al volverse a mirar, se dio cuenta de cómo iban a ser las cosas.  Por otras cuerdas, descendieron con rapidez más de una docena de soldados españoles, que protegidos por los 6 que continuaban colgados y apuntando con sus armas, acababan de declinar la balanza.

El Sargento Mejías, avanzó con el arma encarada hacia la posición del jefe de los guerrilleros.  Se acercó a distancia de unos 3 metros, y le indicó con gesto serio..- Your weapons…. Down…down…- 

El guerrillero dejó caer el AK al suelo, y todos los demás, lo hicieron a la vez que comenzaban a levantar las manos.  Los soldados que habían descendido por la pared, comenzaron a reducir a los kosovares, colocando a cada uno de ellos unas bridas sobre las muñecas, y les colocaron una capucha negra sobre la cabeza.

Rápidamente la patrulla del Teniente Lucas, avanzó hacia la posición de las alféreces, y de la mejor manera posible, las liberaron de sus ataduras.

Del bosque apareció un “árbol” andando.  Era el Sargento 1º Marcellán, que se dirigió con paso firme hacia donde estaban las alféreces. 

-Mi alférez, le dije que era como Dios…que todo lo veo.- Y guiñó un ojo a una de las alféreces que con poco ánimo sonrió.  Se dirigió hacia la zona donde estaban agrupando a los prisioneros kosovares.  Buscó al líder, le retiró la capucha, lo levantó sujetándole por el cuello de la camisola, y una vez que lo tuvo de pié, con el dedo índice le golpeó en el centro de la frente.

El kosovar tembló, entendió el enésimo mensaje del tirador.

-Hijo de perra…estas vivo porque no has tenido cojones a levantar tu arma, ni mover el pulgar para cambiar el selector de disparo de tu fusil… ¿me entiendes verdad?...qué fácil es causar daño cuando se está en superioridad ¿eh?- Le gritó tan cerca que la saliva impactó en la cara del kosovar.

Le volvió a colocar la capucha, y lo arrojó al suelo.

Otro teniente se acercó al grupo de españoles que estaban con las alféreces, era el Teniente Otero, responsable de la patrulla que había realizado el asalto por la retaguardia de los guerrilleros.

Lucas y Otero se abrazaron, y Lucas le dijo – No dejamos a nadie atrás….¿eh?- Y Otero sonriendo le respondió – Eso como los Rangers…nadie atrás….-.

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