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Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
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miércoles, 27 de julio de 2011

LOS FOTÓGRAFOS



Lo peor era la luz, esa bombilla que parpadeaba sin cesar y no dejaba ni un segundo para poder cerrar los ojos y sentir un instante de paz.  Así llevaba 4 días desde que en la ciudad de Vukovar lo había detenido un grupo de paramilitares croatas, mientras realizaba un reportaje fotográfico sobre la Iglesia ortodoxa de San Nicolás.  Junto a él habían retenido a tres españoles más, uno el conductor del vehículo, otro un redactor de la revista “Treasures of Europe”, y un ayudante de iluminación y fotografía.


Fueron detenidos a punta de kalasnikov, les golpearon, los maniataron y los metieron en la caja de un camión.  Ellos no paraban de gritar - ¡¡We are Spanish journalists!!- Pero las milicias croatas no se andaban con chiquitas, andaban asediados por las milicias serbias, y estaban seguros que el Ejército Popular Yugoslavo, iba a tomar la ciudad en su afán de acabar con los aires independentistas de los croatas, y cualquier sospechoso por mucho acento europeo que tuviera, era un posible enemigo potencial y aliado de los serbios, salvo que se demostrase lo contrario, y rara vez se podía demostrar.



José Luis Sotogrande no recordaba el tiempo que estuvo tumbado en el frío suelo de aquel camión.  Tenía el ruido del motor del camión metido en la cabeza, cada bache, cada curva, cada frenada se fueron grabando en su memoria.  Miraba a sus compañeros que al igual que él, intentaban no ofrecer a sus captores algún pretexto para que fueran más violentos si cabe, de lo que habían sido.


Miguel Zamorano el conductor del equipo de periodistas, era el que peor parte se había llevado, una culata de AK se había estrellado contra su mentón, y un par de dientes se habían ido a pasear fuera del anclaje de las encías.  Estuvo tumbado, sangrando por la boca, tosiendo pero sin quejarse, de vez en cuando algún croata le deleitaba con una patada en las costillas.


Ernesto Cifuentes el ayudante de iluminación, se recogió sobre su cuerpo lo más que pudo y trato de evitar cualquier contacto con sus compañeros y obviamente con sus captores.  Y Ricardo Ortega el otro redactor, también anduvo calladito y mirando a sus compañeros, con gesto grave, pero sin dar pie a posibles reacciones de los croatas.


El tiempo pasó muy lento, fueron aislados, les quitaron la ropa, y fueron interrogados.  Su equipo fue examinado al detalle en busca de pruebas o algún pretexto para relacionarlos con las fuerzas serbias.  El primer interrogatorio fue demoledor, desnudos ante 7 u 8 hombres armados, de rodillas mientras les gritaban que eran espías serbios, que los iban a fusilar por espías, y que no se creían que fueran periodistas españoles.


El primero en hablar fue Cifuentes que juraba y perjuraba entre pseudosollozos que eran españoles y de la prensa gráfica, que mirasen sus acreditaciones y pasaportes.  La respuesta de los croatas fue sublime, le dieron una paliza, lo ducharon con agua fría y lo metieron en la celda que era más una nevera que una celda.


A Ortega le dieron otra paliza demoledora, de la cual se llevo el puente de la nariz desviado y alguna costilla con fisuras.  Su testimonio era siempre el mismo, era redactor de la revista Tesoros de Europa, y andaban haciendo un reportaje a la Iglesia de San Nicolás de Vukovar.  No debió de ser muy convincente, dado que el resultado de la primera entrevista, se saldo con sus costillas y nariz seriamente perjudicadas.


A Zamorano le propiciaron otra paliza que terminó por dejarlo hecho un asco, pero Zamorano se limitó a repetir “I’m a Spanish citizen… I’m a Spanish citizen...I’m journalist…”, pero a los croatas esa versión no les interesaba.


Se reservaron las mejores lindezas para Sotogrande, al cual a parte de la paliza de rigor, lo ataron a una silla, y lo sometieron a diversas descargas eléctricas de baja y media intensidad.  Sotogrande aguantó ente gritos y lágrimas de dolor, pero no daba el brazo a torcer en cuanto a su situación, quien era y que hacía.


La situación se repetía todos los días, a veces eran reunidos todos juntos, y todos veían el maltrato a sus compañeros, otras veces, eran “entrevistados” por separado, y sólo podían oírse los gritos entre las paredes de aquellas gélidas celdas.


No hablaron entre ellos desde el momento de la captura, estaban aislados y cuando estaban juntos, era poco probable que pudieran realizar acto de comunicación alguno, por el delicado estado en el que se encontraban.


Era el cuarto día y Sotogrande había cerrado los ojos intentando dormir o al menos descansar su frenética actividad cerebral. – Mantente despierto y atento José Luis, que estos no puedan contigo- se repetía constantemente.


Evadía su mente recordando a su mujer y a sus numerosos hijos, recordaba su casa, sus amigos, su trabajo, y ello le motivaba a no derrumbarse. 


Se oyó el cerrojo de la puerta de la celda, entro uno de los carceleros, un mal tipo grande y barbudo, que le daba los buenos días con un par de patadas, cortésmente, pero patadas a fin de cuentas.  Le lanzó su ropa al suelo, la cual estaba llena de mugre y prácticamente hecha jirones.  Se vistió como pudo, y fue escoltado de nuevo a la ya conocida sala de entrevistas.


En esta ocasión sólo había una persona sentada al otro lado de una mesa, una silla vacía y una lámpara de luz encendida con luz mortecina.


-Siéntese- Ordenó la voz en perfecto español.  Sotogrande así lo hizo. Se acercó a la silla y se sentó.  Fue una sensación extraña después de 4 días de poner las posaderas en el suelo.


-Así que son españoles, de una revista cultural ¿no?- Pregunto la siniestra figura. – Si señor, contestó Sotogrande.-Somos los cuatro españoles y no sé porque nos ha retenido y maltratado-.


Aquella persona avanzó su rostro hacía delante en la mesa, y la luz descubrió su faz, era un hombre rubio, esbelto, de melena profunda, vestía un elegante traje negro con raya diplomática, y una corbata con los colores de la hasta entonces bandera yugoslava.


-¿Saben ustedes que estamos en una guerra, señores españoles periodistas?- Volvió a preguntar aquel siniestro personaje.


- Si señor.  Sabemos que hay una guerra en Yugoslavia, pero la revista para la que trabajo, nos consiguió visados para 15 días, y los permisos necesarios…- Contestó Sotogrande a la vez que era interrumpido. – Hemos revisado sus papales señor, y están en regla…., una pregunta... ¿Que tiene de especial una iglesia para una revista que nadie compra…?- Requirió el interrogador.


Sotogrande miró a su alrededor, oscuridad, vacío y una extraña voz con acento eslavo, pero que dominaba a la perfección la lengua de Cervantes…, miró al suelo, se fijo en sus pies, descalzos, no le habían devuelto sus zapatillas deportivas.  Los dedos estaban negros de suciedad, con restos rojizos de sangre escupida, con pequeñas heridas en proceso de cicatrización.


Respiró con resignación, miró al interrogador y le respondió mirando a los ojos – La Iglesia Parroquial ortodoxa de San Nicolás fue construida durante el período 1733-1737 con elementos de estilo barroco provincialEl iconostasio, donde se esconden los curas ortodoxos para la consagración de la forma, fue erigido en 1757, y las tallas fueron esculpidas por el escultor Firtler…nacido en Osijek.  La iglesia de San Nicolás, fue reconstruida y redecorada en varias ocasiones, ejemplo fue la incorporación de la capilla de San Jorge Mártir, y la ampliación del espacio para  el coro. El último cambio importante a la iglesia data de 1935.-Concluyó.


Un aplauso enérgico inundó la habitación.-Bravo…tengo ante mí a todo un experto en arte barroco..¿Le costó mucho aprenderse toda esa retahíla?...- Le espetó el interrogador.


-Soy periodista señor, debo saber donde me meto…- Respondió Sotogrande.  Una mano cruzó el aire y se estampó en su rostro, propiciando una poderosa bofetada que por poco desestabiliza al fotógrafo.


No vio quien fue el artífice de la agresión, la mano salió de la oscuridad, Sotogrande supuso que algún guardia a un gesto mínimo del interrogador hizo su trabajo demoledor.


-Usted y sus compañeros se metieron en zona de guerra…, las tropas serbias nos están amenazando y en esa zona digamos que nuestros intereses estratégicos se vieron comprometidos por su aparición… Hemos revisado sus fotografías, y por suerte para ustedes no hay nada que los vincule con actividades terroristas o de espionaje…mucha foto de cúpulas e iconos, mucha foto de lienzos… – Terminó el interrogador. -Van a ser liberados, hemos contactado con su consulado en Hungría, y en unas horas serán entregados en la frontera con Hungría, a algún representante de su Embajada Española.  Un aviso… si vuelven por aquí, los mataremos o los matarán… y no haremos preguntas o perderemos el tiempo- . 


Sotogrande asintió con la cabeza.- Entiendo señor, gracias por su comprensión -  Y dicho esto resopló y notó como unas manos poderosas se clavaban en sus axilas y lo incorporaban para ponerlo de pie.


-Sólo una cosa más, por desgracia en el reconocimiento de sus materiales, estos se han roto, y no vamos a poder devolverles nada, las cintas se velaron, y sus carretes también- Dijo el interrogador con una sonrisa final, pero que lejos de demostrar afabilidad, denostaba maldad por los cuatro costados.


Sotogrande fue llevado a una sala, allí le esperaban sus compañeros.  Todos se miraron sin la mayor emoción, todos eran sus propios espejos, golpeados, torturados, mancillados, presionados, humillados, pero al menos seguían vivos. 


Llegó un tipo con un kalasnikov a la espalda, y les dijo en un vasto inglés –You return home…- No hizo falta hacer esfuerzos para entender aquellas palabras, y Cifuentes arqueó las cejas y sonrió seguramente por primera vez en cuatro días.


Fueron llevados a Donji Mijoljac, ciudad fronteriza con Hungría.  El trayecto fue largo, enredado, pudieron ver el recorrido, iban en un coche más confortable que el camión en el que fueron de huéspedes al inicio de su cautiverio.  Cuando llegaron a la ciudad de Donji Mijoljac, vieron en una plaza cercana al paso fronterizo, un coche negro y una furgoneta, con matrícula diplomática, y Sotogrande supuso que aquel era su vehículo para salir de ese infierno.


No hubo mucho trámite, el del kalasnikov se dirigió a una persona que vestía con ropa de invierno y llevaba un gorro de lana, éste se dirigió al coche, y tras una conversación, le dio la mano al croata, y con un gesto, el conductor del coche, liberó a los cuatro españoles.


Iban descalzos, lentos, doloridos, pero en el fondo felices de haber terminado aquello.  El hombre del gorro les indicó que se metieran a la furgoneta.


-Soy García de la Embajada de Bucarest, entrad a la furgoneta y vámonos de aquí pronto que esto parece un hervidero de gente nerviosa y peligrosa- Dijo el hombre del gorro, todos se miraron y anunciaron una sonrisa.
Sotogrande miró al tal García y le dijo – Soy el Cabo 1º Caballero Legionario José Luis Sotogrande, de la Bandera de Operaciones Especiales de la Legión, Jefe de la Patrulla de Reconocimiento en Profundidad en clave Tito, solicitó ponerme en contacto con el agregado militar de la Embajada para transmitirle el informe de operaciones, y solicito se nos entregue en la ciudad húngara de Dravaszabolcs al otro lado de ese puente nuestro equipo de trabajo, para el desarrollo de la siguiente misión-


-¿Quién me has dicho que sois?-preguntó el tal García.  Cifuentes lo miró y le dijo – Somos La Legión…. Llévanos al otro lado del río, dame unos marcos para unas cervezas, y daros prisa en traernos ropas y equipo para trabajar, que tenemos trabajo que hacer…-


-Pero si tenéis que….pero si os acaban de….- Tartamudeo García.   

– Si, tenemos que volver que para eso nos pagan, ya sabes…soy el novio de la muerte….- Dijo el Cabo Caballero Legionario Ricardo Ortega.





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