Bienvenidos al Blog

Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
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lunes, 25 de julio de 2011

VUELTA A CASA



Los motores cesaron, el ruido ensordecedor dejó de retumbar en las cabezas de todos los ocupantes del Hércules C-130. Sólo un extraño silbido recorría la estancia, nadie hablaba, nadie se miraba, todos permanecían cabizajos.

-Es la hora caballeros – Dijo el Capitán Vázquez, oficial de embarque –en cuanto baje la rampa, nos adelantaremos el Sargento Romero y yo, el resto, esperad a que suelten las eslingas y los cabestrantes de amarre.-

Todos asintieron, después de muchas horas de vuelo, podían oír y hablar sin tener que gritar. Todavía anclados a los asientos de red del avión, algunos no habían reparado en soltarse los cinturones de seguridad, seguían con la mirada en el suelo.

-Sánchez – Dijo el Capitán. –Pon tú la bandera encima una vez que suelten todo-. El Cabo 1º Sánchez era el Jefe del maltrecho pelotón que tenía que bregar con todo aquello. El silencio seguía dominando el ambiente, todo seguía igual, a pesar de las instrucciones nadie miraba a otro sitio que no fuera el suelo del avión. Todos buscaban en su interior respuestas a preguntas, soluciones a problemas, muchos querían evadirse o borrar esos instantes, pero no era posible, la vida era de esas cosas que se escriben con tinta indeleble.

-¿Habrá algún Ministro?¿Habrá algún General?- Esas preguntas y otras se pasaban por la cabeza del Cabo 1º, -No hay ni banda de música…- Sentenció en sus pensamientos.

La rampa del Hércules, terminó de descender y una luz gris inundó el interior del avión. A todos les recorrió un viento húmedo, estaba lloviendo, el agua golpeaba con fuerza el asfalto de la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Torrejón de Ardoz, y más allá de la rampa, no se veía nada, no se oía nada. Todo era un silencio roto por el chapoteo de la lluvia.

Sánchez miró a un par de sus hombres, que permanecían cabizbajos. Eran buenos chicos, buenos soldados y buenos compañeros, tanto o más como todos los que allí estaban. Soldados valientes y disciplinados, hombres de honor y porque no, amigos.

Uno el más alto, era el conductor de su BMR. Un madrileño de 21 años, serio, achaparrado y con cara de niño malo. El otro era el tirador de la TC -3, un “artista de la browning” como él se definía. Un chico de Córdoba bajito, moreno, lleno de vida y alegría, que nunca paraba de hablar, pero jamás se despistaba de sus quehaceres.

A la derecha del Cabo 1º Sánchez, se encontraba el Cabo Rodrigo, un asturiano rudo, grandote, de ojos vivos y expresión amable, era el jefe de una de las escuadras del pelotón. Un hombre reservado, amante de la vida en la milicia, leal y sobre todo sereno. Y a su lado, se encontraba Martín, un soldado de la escuadra del Cabo Rodrigo, de Albacete, un buen chico, ágil y veloz, era el “galgo” del pelotón.

Miró al resto, otros 4 más les acompañaban, todos cabizbajos y concentrados en sus pensamientos.
Y en el centro estaban otros dos compañeros, el Cabo Arístegui y el Soldado Griñán. Sánchez miraba hacia la rampa, se dejó llevar por los recuerdos, se perdió entre el chapoteo de la lluvia…

-Mi primero…, un obstáculo en la carretera – Dijo el Soldado conductor del BMR. El Cabo 1º Sánchez, elevó su cuerpo a través de la trampilla superior, se apoyó con las manos en las filas de sacos terreros que protegían ese espacio vital en el techo del BMR, y pudo ver como unos maderos estaban cruzados a lo ancho de la carretera, y tocaba parar.

- Para a unos metros antes, pero deja el motor en marcha…Córdoba…haz un barrido con la torre, pero deja el dedo fuera del disparador, apúntame a esa zona de árboles de tu derecha- Dijo El Cabo 1º dando instrucciones a través del microauricular.

-Si mi primero, le voy a echar un vistazo a ese linde del bosque- Respondió Córdoba, que así lo llamaban todos en el pelotón.

Sánchez volvió al interior del BMR y miró al Cabo Arístegui. –Cógete a dos y ves a mirar que narices hacen esos maderos ahí tirados- Le dijo con cierto aire de preocupación.

-Si, mi primero vamos a ver. Venga Griñan y López, coger el fusil, ajustaros el casco y vamos fuera- Respondió Arístegui a la vez que daba instrucciones a dos soldados.

-El resto menos Rodrigo, arriba con los fusiles y atentos a todo lo que se mueva- Añadió el Cabo 1º. Y todo el mundo se puso a sus faenas. Córdoba giró la torre a la derecha, y realizaba batidas sobre ese sector de bosque del que le había alertado Sánchez. Arístegui abrió la portezuela trasera del BMR y salió a la calzada con los otros dos soldados. Y el resto, se parapetó apuntando a los flancos arriba del BMR.

Arístegui fue el primero en llegar al obstáculo, eran maderos sin más, parecía que había sido un mero accidente de algún camión maderero, que había perdido parte de su carga. Griñán se acercó al arcén, y el Soldado López se situó a espaldas al Cabo, realizando una verificación visual del sector que tenía a la izquierda del BMR, un campo abierto de gran extensión, que no indicaba otra cosa más que lejanía.

-¿Qué pasa Arístegui?... ¿Qué hay ahí abajo?-Preguntó el Cabo 1º. Arístegui se volvió y respondió. 

–Son maderos, parece que es una carga que se ha caído de algún camión-. Todos suspiraron dentro del BMR, tocaba bajar y tocaba despejar la carretera.

De pronto Sánchez se volvió a mirar a Griñán que en ese mismo instante había caído al suelo, y un segundo después oyeron el disparo… -¡¡¡Tirador!!!- Gritó Sánchez- ¡¡A cubierto!! ¡¡A cubierto!... –

Nadie reaccionó en ese instante, todos se dejaron caer dentro del BMR, Sánchez seguía gritando a los de fuera. El Cabo Arístegui y el Soldado López se parapetaron detrás de las ruedas del BMR en el costado contrario a donde se encontraba Griñán.

-Mierda…mierda… ¿alguien ha visto algo?...joder…joder…- Gritaban dentro del BMR. Sánchez agachó la cabeza y se metió en el BMR. Abrió una de las troneras laterales, y mandó instrucciones a los dos hombres que estaban fuera.

-Quietos…¡¡Quietos ahí y no os mováis!!- Los dos de fuera, se quedaron petrificados, no entendían nada. De pronto un impacto se estrelló contra el cristal del conductor.

-¡¡Hostia!!...me han tirado…me han tirado..- Dijo el conductor. –Baja la tapa blindada, ¡¡bájala!!- Ordenó Sánchez. ¡¡Pang!! Otro impacto rebotó en algún lugar del BMR.

Sánchez volvió a gritar por la tronera al Cabo Arístegui.- Julián..¡¡Julián!! ¿Puedes ver a Griñán? ¿Está bien?...¿puedes verlo?..- 

El Cabo Arístegui hizo una seña con la mano, y se dispuso a mirar por debajo del BMR asomando su cabeza por un lateral de la rueda que les servía como abrigo.

-¡¡¡Parece muerto!!!...tiene un agujero en la cabeza mi Primero- Gritó Arístegui. ¡¡Pang!! Otro impacto en el BMR.

-Córdoba…Córdoba..Abre fuego sobre el puñetero bosque ese, ¡¡¡bátelo bátelo!!!- Gritó Sánchez, y el tirador de la TC3 abrió fuego sobre el linde del bosque. La ametralladora browning del 12,7 hizo su trabajo, de forma minuciosa Córdoba batía el linde del bosque, y los 250 cartuchos de la caza, fueron consumiéndose.
Al cesar los disparos, oyeron gritos en el exterior… -Mierda…¡¡¡Mierda!!!...¡¡¡Mi primero!!...¡¡Mi primero!!...le han dado al Cabo…le han dado al Cabo- Eran los gritos del soldado López. Un escalofrío recorrió el cuerpo del Cabo 1º Sánchez, se bloqueó, no podía ni hablar. 

El resto del pelotón que andaba dentro del BMR, estaban muy asustados, se miraban, el terror se reflejaba en sus rostros. Córdoba había vuelto a municionar al TC-3. El Cabo Rodrigo gritó en medio de aquel eterno silencio atroz. - ¡¡Mi primero…hay que salir de aquí!! que se meta López dentro que nos van a matar a todos a este paso…¡¡que alguien informe por radio al Teniente…vamos!!!

En ese instante Sánchez reaccionó y volvió al mundo, - Conductor…avanza unos metros y gira, nos están tirando desde el frente…, Rodrigo..echa un par de botes de humo hacia la carretera y otro al lado del bosque, y dos conmigo abajo, en cuanto haya cobertura suficiente para coger a los heridos y a López.-

El conductor avanzó unos metros, giró el BMR dejando el costado expuesto hacia el frente de la carretera bloqueada. Los botes de humo empezaron a crear una espesa cortina de color rojo, y en ese instante, saltaron a la calzada el Cabo 1º y dos soldados. Llegaron a la altura donde había caído Griñán, estaba muerto. Mientras los soldados lo cogían y lo metían en el BMR, Sánchez se acercó a la posición de López, y allí vio a su amigo Arístegui con otro disparo en la cabeza, estaba muerto. López lo miraba con rabia contenida, no había nada que hacer, ni siquiera podían vengar a sus compañeros. Lo asieron de pies y brazos y lo introdujeron en el BMR…

-Es la hora, pon la bandera sobre los féretros- Dijo el Capitán, logrando que Sánchez volviera al avión. Le levantó, sacó de una bolsa una Bandera de España, grande, de buen tacto, y la colocó en el ataúd de Arístegui. Acto seguido, sacó otra de otra bolsa, y la colocó en el ataúd de Griñán.

Salieron del Hércules, la lluvia los arropó, comenzaron a ver la pista, estaban muy cerca de los hangares, vieron gente, vieron paraguas, y vieron a la banda de música del Ejército del Aire. No oían nada pero sabían que estaban tocando, no querían oír, sólo querían recordar a sus amigos, a sus hermanos. 

No querían llorar, pero la lluvia les hizo llorar. Y no se quisieron preguntar por qué y para qué…, sabían la respuesta. Por España, por la vida que ellos quisieron, y por ellos mismos, porque al final, la familia está para esto.

Fueron desfilando a paso lento, bajo las notas de la marcha fúnebre de Chopin. Vieron a los ministros, vieron a los Generales, vieron a los compañeros, a los familiares, a los amigos….

- Hermano…ya estás en casa- Dijo el Cabo 1º Sánchez con el rostro pegado al ataúd de su compañero y amigo Arístegui, dando una pequeña palmadita con los dedos a la madera.



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